Es curioso como el mundo puede llegar a confabular en contra de uno mismo hasta poner todo su universo patas arriba.
No llego a entender el porqué… Pero sí sé cómo podré llegar hasta él… ¡Sí!
-¡Oiga, señor! ¡Usted no puede estar aquí! ¡Seguridad! ¡Seguridad, por fav…!
Cuando abrí los ojos por primera vez aquel día, todo mi mundo seguía girando a la misma velocidad de siempre. Todo estaba en su sitio.
Mi mujer dormía plácidamente a mi lado y los niños, lo hacían en la habitación contigua.
Pero antes de nada, os aclararé qué quiero decir con que abrí los ojos “por primera vez”. Tengo narcolepsia y para quienes no lo sepan, es un trastorno del sueño. Digamos que puedo caer en un profundo sueño en cualquier momento y en cualquier lugar.
Es una putada, lo sé… Pero así es mi vida: un continuo despertar.
Y ahora volveré a lo que nos ocupa… Aquel día.
La segunda vez que abrí los ojos, aun embutido entre las sábanas calientes de mi cama, comprendí que nada volvería a ser igual. Mi mundo se había parado y comenzaría otro rumbo en distinta dirección.
Susana, que aun seguía a mi lado, esta vez lo hacía envuelta en un charco espeso de sangre. Me incorporé sobresaltado y mientras mis manos se empapaban del líquido pegajoso que la cubría, mi boca no era capaz de articular palabra.
Su cabeza pendía de lado en el colchón y al cogerla comprendí que alguien le había rebanado la garganta mientras yo dormía.
Totalmente cubierto por la sangre de mi querida Susana, intenté salir de la habitación para buscar a los niños, nuestros gemelos de 6 años.
¿Seguirían durmiendo? ¿El asesino les habría hecho algo?
La bilis me subía por el esófago y el nudo que atenazaba mi garganta parecía que iba a explotar. Cuando llegué al pasillo y las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos, me sobrevino el sopor repentino. Mi amiga la narcolepsia nunca se iba, y una vez más se adueñaría de mi voluntad y mi cuerpo.
-¡Papá! ¡Papá!- y mientras en mi subconsciente oía sus llamadas de socorro y sus gritos, sentía que no podía hacer nada por ellos… Mis músculos no respondían, estaba inmovilizado. Quería ir a por ellos… matar a quienquiera que fuese aquel que estaba eliminando a mi familia… ¡Aguantad!- gritaba en mi mente, impotente.
¿Sabéis de esos sueños en los que gritas y no te sale la voz? ¿Aquellos en los que quieres correr y no avanzas?
Esa fue mi sensación. Posteriormente se convirtió en desasosiego y desesperación en cuanto pude sujetar los cuerpos vacíos de vida de mis pequeños.
Gargantas rebanadas. Sangre cubriendo el suelo de rojo por segundos. Ojos vidriosos y sin reflejo.
Grité y lloré y pataleé y me revolqué entre el espesor de sus vidas escapándose entre las baldosas.
La cuarta vez que desperté, la determinación a encontrar al intruso gobernaba mi mente ya enloquecida por la terrible pérdida.
Miré en cada rincón de la casa, enloquecido como estaba, revolvía armarios, vacié estantes y no encontré nada. Ventanas cerradas, la puerta de entrada también cerrada con llave… Pero mi hogar había sido franqueado por alguien, una mente maligna y sádica que se había aprovechado de mi problema para acabar con los míos.
¿Quizás el intruso buscaba hacerme caer en la locura?
¿Qué mente retorcida había urdido tal maquiavélico plan contra mí?
Recordé a aquel imbécil de la oficina. Un tipo con ojeras y pelo canoso que se empeñaba en mirarme mal desde mi ascenso. No parecía el tipo de persona capaz de algo así… Tan sólo era un pobre envidioso… Pero su oscura y enfermiza mirada comenzó a rodear mis pensamientos y a aparecer ante mis ojos húmedos hasta tal punto que no veía nada más allá de su asqueroso gesto de desprecio.
¿Cómo habría hecho el hijo de puta para meterse en mi casa? Parecía imposible, pero era evidente que lo había hecho. Las gargantas rebanadas de los míos, eran la prueba.
Tropecé contra algún objeto tirado en el suelo, probablemente a causa de mi salvaje búsqueda y resultó ser un cuchillo. Un enorme y afilado cuchillo cubierto de lo que sería la valiosa sangre de Susana y los pequeños…
Pero antes de poder cogerlo, mi cuerpo inmóvil de pronto, dio de bruces contra el suelo una vez más.
La quinta vez que desperté, me asusté al darme cuenta de que ya no estaba en mi casa.
Cuando por fin conseguí orientarme, reconocí el salón de la casa de los vecinos… ¡Sí! Estaba en casa de la familia Vázquez, un matrimonio muy agradable y su hija adolescente.
¿Pero qué hacía yo ahí? Y lo que más me inquietó: ¿Cómo había llegado hasta ahí si estaba inconsciente?
La casa estaba demasiado silenciosa y yo comencé a sentir nauseas en cuanto noté el intenso olor de la muerte cerca de mí… El mismo olor de antes.
No quise asomarme a las habitaciones… ¡No! Tuve suficiente con ver el pie desnudo que descansaba sobre el charco de sangre que asomaba por el marco de la puerta.
Y el cuchillo… ¡El cuchillo estaba en mis manos!
La mirada del envidioso toca-pelotas volvió a castigar mi mente. Se había introducido en ella al igual que lo había hecho en mi casa y del mismo modo en que me había metido en la de los Vázquez… Dejándome solo… Acompañado de los muertos y de un cuchillo manchado de horror.
¿Dónde estaba el maldito?
-¡Oiga, señor! ¡Usted no puede estar aquí! ¡Seguridad! ¡Seguridad, por fav…!
No me importa lo que diga la zorra. No estoy loco. ¡Creedme! He sido víctima de una confabulación en contra mía… Ese cabrón no aceptó mi superioridad y me la jugó.
Pero haré justicia. Vengaré a mi familia y luego, cuando me pudra en una cárcel, lo haré asumiendo las consecuencias.
-Sí…- dijo el psiquiatra- Un caso de psicopatía bastante curioso… El tipo asegura ser narcolépsico. No reconoce los hechos porque se aferra a que todo ocurrió durante sus cataplejias.
-Lo curioso es que no padece tal enfermedad.- dijo su compañero.
-Sí, todo apunta a una esquizofrenia grave. Estamos ante un caso de desdoblamiento de la personalidad y paranoia.
Los dos se despidieron y el psiquiatra se dirigió hacia su despacho para hacer el informe. Una sombra se cernía en la esquina del pasillo observándolo, delante del cuerpo inmóvil de la enfermera muerta.
¡Es él! El maldito ha conseguido meterse en el hospital… ¿Me estás buscando? ¡Ja, ja, ja, ja! Pues creo que te he encontrado yo a ti.
¡Señoras y señores, voy a hacer justicia! Yo siempre fui más listo que él…
El psiquiatra se disponía a encender la luz de su despacho cuando alguien le sorprendió por la espalda. Antes de poder ver quien era, recibió un fuerte golpe en la cabeza y cayó al suelo mareado.
-¡Ahora te haré lo mismo que les hiciste tú a los míos!
-Pero ¿Qué…?- el médico se cubrió la cabeza con las manos temblorosas mientras la luz se encendía y veía la cara de su asaltante: era el homicida.
El tipo que había matado a su familia y a sus vecinos a sangre fría. ¿Cómo había escapado?
-Oiga… Por favor, déjeme ayudarle… ¡No cometa otro error!
-¿Ayudarme?- el tipo, ojeroso y pálido como un muerto, sonrió revelando la locura en su gesto.- No seas hipócrita, sé que fuiste tú.
Con un gesto rápido y certero, el enfermo abrió la garganta del psiquiatra con un bisturí que había robado. Y mientras el facultativo veía como su propia sangre le ahogaba en el suelo, el tipo cayó inconsciente a su lado…
… Para despertar a los pocos segundos, visiblemente conmocionado.
La sexta vez que desperté comprendí la cruel jugarreta del destino una vez más. El cabrón se había vuelto a escapar y había vuelto a asesinar aprovechando mi inconsciencia…
El enfermo se levantó, apartó la vista del cadáver desangrado del psiquiatra con un gesto de sincera angustia y aferró el bisturí pegajoso en su mano.
… Te encontraré.
Publicado originariamente en librodearena.com, blog LYNS el 3/02/2010
En mentes normales si seria un problema, en otras no, solo tenemos que mirar al cine que se hace, supongo que puede ser un espejo con la vida real, frustraciones, determinados complejos y sobre todo no afrontar lo que somos, ese ejemplo del compañero de oficina ya te indica una dirección, la mujer que tienes a tu lado puede ser objeto de envidia aaí como los hijos, a los doctores no les encuentro.
ResponderSuprimirRinthus.
Hola!
ResponderSuprimirTienes un premio en nuestro blog, pásate cuando puedas ;)
Besos!
Hepburn y Mika
Gracias guapas!!!!!!
ResponderSuprimirHola guapa, soy valanaista.bueno, aquí soy Oscar. Magnífico relato. Te hice caso. Ya van dos veces, y he creado un blog aquí. Por cierto. Como lograste él logo de sqfecreatibe?. Bss oscuridad.
ResponderSuprimirHola! Gracias, un placer que te guste y una alegría verte por aquí.
ResponderSuprimirPUes el logo de safe creative se consigue en la configuración de la cuenta. Creo que es donde pone insignias o algo así, te salen de distinto dibujo y tamaño.
Besossssssssssss