viernes, 25 de enero de 2013

¡Qué bonito es ser escritora!

Hoy necesito escribir un poco de mí, en este rinconcito al que se asoma poca gente. Así, a media luz.
Ando enfrascada en proyectos muy bonitos e interesantes que me hacen soñar con un futuro en el mundo editorial no tan lejano, pues el proceso de creación de la novela en la que más ambiciones he puesto, está llegando a su fin y una editorial maravillosa, de las tradicionales, me la va a valorar.
Esto me tiene entre ilusionada y preocupada por tenerla a punto del todo, aunque la inestimable ayuda de mi lector profesional favorito, Fer, me está facilitando mucho las cosas y, sobre todo, me ha ayudado a darme cuenta de que había hecho un buen trabajo a pesar de todas mis inseguridades.
Porque, cuando se trabaja a ciegas, con sólo tu opinión durante meses y meses, es difícil tener claro si tu visión de ello es la correcta o estás cayendo en la subjetividad y quizás tu creación es mala.
Es cierto que esta novela la han leído en sus diferentes fases de creación, varios amigos y amigas en petit comité, pero el paso final del lector profesional ha sido un total acierto y lo recomiendo a todos los escritores; sobre todo, a los que empiezan y les resulta difícil dejar bien resuelta en todos y cada uno de los detalles, una novela.
 La verdad es que esta semana ha sido muy especial para mí y, supongo, que mi inconsciente pedía a gritos expresar los sentimientos tan positivos que llevo dentro.
He intentado pocas cosas en el mundo literario, la verdad. Me he dedicado todos estos años a disfrutar de la escritura, de la lectura, de conocer gente del mundillo, participar en alguna antología y a hacer algunos amigos y colegas. Pero, sobre todo, me he dedicado a soñar y a escribir. A probar en distintos géneros marcándome retos para comprobar hasta qué punto mi talento me permitía ser una escritora polivalente. Vampiros, erotismo, terror, fantasía juvenil con toques de humor, y hasta realismo. De todos los géneros he aprendido cosas y he disfrutado mucho. En unos, me siento más cómoda que en otros y con el paso del tiempo no veo claro a cual me gustaría dedicarme de lleno. Sólo sé que mis gustos tiran más hacia lo paranormal, lo romántico... Me encanta el terror, pero es cierto que hoy en día leo más de lo otro y, sinceramente, aunque disfruto escribiendo terror, me cuesta horrores y creo que mis relatos de ese género poco estremecen, je, je. Son más bien siniestros y sádicos.
Y, qué curioso, precisamente el género que menos he escrito porque no me inspira nada, es el realista y hace ya unos tres años creo, surgió de la mano de mi querida hermana Vanessa, la idea que ha cambiado mi vida. Al principio veía imposible escribir un drama romántico realista, no me gustan los culebrones y navego más cómoda entre vampiros y señores del inframundo con buenos pectorales, pero me lo tomé como un reto (¿he dicho ya que me pirran los retos?) y hoy es la novela de la que empezaba hablando antes... Muchas correcciones, escenas eliminadas, otras añadidas... cantidad de emociones vertidas entre más de 200 páginas de word. He respirado a través de la protagonista porque, por desgracia (y digo desgracia porque las emociones que experimenta en buena parte de la novela no son positivas) tenemos sentimientos en común. Por eso, pude meterme mejor en su piel y escribir mi novela más personal y profunda.
He llorado, me he sentido triste corrigiéndola al recordar esas emociones... Y también he sonreído y me he sentido como nunca al revivir el renacimiento del ave fénix.
En definitiva, me ha cambiado la vida en el sentido literario, porque creo que gracias a esta novela he madurado como escritora muchísimo, he aprendido cantidad sobre el proceso creativo de una obra narrativa y, no es nada fácil, pero es enormemente satisfactorio y precioso.
Tengo muchas ganas de verla publicada en papel algún día y que la gente la lea. Sobre todo, quienes me conocen. Me suele hacer más ilusión que me lean mis seres queridos antes que pensar en que mi libro sea un best-seller. Porque, si la editorial que se ha ofrecido a valorar mi manuscrito, finalmente me dice que no, ya sabré que otras pueden decirme el sí. Prefiero que me digan un no por incompatibilidad de gustos que por falta de calidad. Y por eso estoy disfrutando tanto esta última fase del proceso creativo: me he dado cuenta que he conseguido escribir una buena novela (y esto me cuesta decirlo porque no quiero parecer narcisa, pero tengo que ejercitar mi autoestima literaria y, al igual que debemos darnos cuenta de cuando hacemos algo mal, no está de más que nos felicitemos por lo bueno). No será de las mejores del año pero es mía y eso ya me enorgullece de sobra.
Guardaré en mi corazón estos momentos dulces en los que termino de acariciar a "mi niña"... ¡Qué bonito es ser escritora!



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